miércoles, 8 de julio de 2020

El Vampiro (Horacio Quiroga)

—Sí—dijo el abogado Rhode—. Yo tuve esa causa. Es un caso, bastante raro por aquí, de vampirismo. Rogelio Castelar, un hombre hasta entonces normal fuera de algunas fantasías, fue sorprendido una noche en el cementerio arrastrando el cadáver recién enterrado de una mujer. El individuo tenía las manos destrozadas porque había removido un metro cúbico de tierra con las uñas. En el borde de la fosa yacían los restos del ataúd, recién quemado. Y como complemento macabro, un gato, sin duda forastero, yacía por allí con los riñones rotos. Como ven, nada faltaba al cuadro.
En la primera entrevista con el hombre vi que tenía que habérmelas con un fúnebre loco. Al principio se obstinó en no responderme, aunque sin dejar un instante de asentir con la cabeza a mis razonamientos. Por fin pareció hallar en mí al hombre digno de oírle. La boca le temblaba por la ansiedad de comunicarse.
—¡Ah! ¡Usted me entiende!—exclamó, fijando en mí sus ojos de fiebre. Y continuó con un vértigo de que apenas puede dar idea lo que recuerdo:
—¡A usted le diré todo! ¡Sí! ¿Qué cómo fue eso del ga... de la gata? ¡Yo! ¡Solamente yo!
—Óigame: Cuando yo llegué.. . allá, mi mujer...
—¿Dónde allá?—le interrumpí.
—Allá... ¿La gata o no? ¿Entonces?... Cuando yo llegué mi mujer corrió como una loca a abrazarme. Y en seguida se desmayó. Todos se precipitaron entonces sobre mí, mirándome con ojos de locos.
¡Mi casa! ¡Se había quemado, derrumbado, hundido con todo lo que tenía dentro! ¡Ésa, ésa era mi casa! ¡Pero ella no, mi mujer mía!
Entonces un miserable devorado por la locura me sacudió el hombro, gritándome:
—¿Qué hace? ¡Conteste!
Y yo le contesté:
—¡Es mi mujer! ¡Mi mujer mía que se ha salvado!
Entonces se levantó un clamor:
—¡No es ella! ¡Ésa no es!
Sentí que mis ojos, al bajarse a mirar lo que yo tenía entre mis brazos, querían saltarse de las órbitas ¿No era ésa María, la María de mí, y desmayada? Un golpe de sangre me encendió los ojos y de mis brazos cayó una mujer que no era María. Entonces salté sobre una barrica y dominé a todos los trabajadores. Y grité con la voz ronca:
—¡Por qué! ¡Por qué!
Ni uno solo estaba peinado porque el viento les echaba a todos el pelo de costado. Y los ojos de fuera mirándome.
Entonces comencé a oír de todas partes:
—Murió.
—Murió aplastada.
—Murió.
—Gritó.
—Gritó una sola vez.
—Yo sentí que gritaba.
—Yo también.
—Murió.
—La mujer de él murió aplastada.
—¡Por todos los santos!—grité yo entonces retorciéndome las manos—. ¡Salvémosla, compañeros! ¡Es un deber nuestro salvarla!
Y corrimos todos. Todos corrimos con silenciosa furia a los escombros. Los ladrillos volaban, los marcos caían desescuadrados y la remoción avanzaba a saltos.
A las cuatro yo solo trabajaba. No me quedaba una uña sana, ni en mis dedos había otra cosa que escarbar. ¡Pero en mi pecho! ¡Angustia y furor de tremebunda desgracia que temblaste en mi pecho al buscar a mi María!
No quedaba sino el piano por remover. Había allí un silencio de epidemia, una enagua caída y ratas muertas. Bajo el piano tumbado, sobre el piso granate de sangre y carbón, estaba aplastada la sirvienta.
Yo la saqué al patio, donde no quedaban sino cuatro paredes silenciosas, viscosas de alquitrán y agua. El suelo resbaladizo reflejaba el cielo oscuro. Entonces cogí a la sirvienta y comencé a arrastrarla alrededor del patio.
Eran míos esos pasos. ¡Y qué pasos! ¡Un paso, otro paso otro paso!
En el hueco de una puerta—carbón y agujero, nada más—estaba acurrucada la gata de casa, que había escapado al desastre, aunque estropeada. La cuarta vez que la sirvienta y yo pasamos frente a ella, la gata lanzó un aullido de cólera.
¡Ah! ¿No era yo, entonces?, grité desesperado. ¿No fui yo el que buscó entre los escombros, la ruina y la mortaja de los marcos, un solo pedazo de mi María!
La sexta vez que pasamos delante de la gata, el animal se erizó. La séptima vez se levantó, llevando a la rastra las patas de atrás. Y nos siguió entonces así, esforzándose por mojar la lengua en el pelo engrasado de la sirvienta —¡de ella, de María, no maldito rebuscador de cadáveres!
—¡Rebuscador de cadáveres!—repetí yo mirándolo—. ¡Pero entonces eso fue en el cementerio!
El vampiro se aplastó entonces el pelo mientras me miraba con sus inmensos ojos de loco.
—¡Conque sabías entonces! —articuló—. ¡Conque todos lo saben y me dejan hablar una hora! ¡Ah! —rugió en un sollozo echando la cabeza atrás y deslizándose por la pared hasta caer sentado—: ¡Pero quién me dice al miserable yo, aquí, por qué en mi casa me arranqué las uñas para no salvar del alquitrán ni el pelo colgante de mi María!
No necesitaba más, como ustedes comprenden —concluyó el abogado—, para orientarme totalmente respecto del individuo. Fue internado en seguida. Hace ya dos años de esto, y anoche ha salido, perfectamente curado. . .
—¿Anoche? —exclamó un hombre joven de riguroso luto—. ¿Y de noche se da de alta a los locos?
—¿Por qué no? El individuo está curado, tan sano como usted y como yo. Por lo demás, si reincide, lo que es de regla en estos vampiros, a estas horas debe de estar ya en funciones. Pero estos no son asuntos míos. Buenas noches, señores.

Horacio Quiroga

Como me robaron el blog que tenía vuelvo a publicar todo lo que alguna vez escribí en mi juventud acá
Este era mi blog original http://profugosdepromesas.blogspot.com/2009/03/el-vampiro-horacio-quiroga.html


"La materia de un escritor son las imágenes mentales que fija en palabras. La dimensión de su fracaso o de su acierto estará dada por la satisfacción y el convencimiento que tenga de haberse acercado en cuanto le fue posible a esas imágenes mentales que lo movieron a narrar escribiendo, pero jamás lo que escriba será exactamente igual a esas imágenes primigenias y allí radica su frustración y su desdicha, puesto que sólo él sabe la medida de su fracaso o de su acierto, nunca el lenguaje podrá reproducir el éxtasis y el relámpago de la belleza. Así es."

Héctor Tizón

19 de febrero de 2009
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La Imprimación...


"...-¡Que dificil es describirlo! La verdad es que no se parece al amor a primera vista, sino que mas bien tiene que ver con movimientos gravitatorios. Cuando tú la ves, ya no es la tierra quien te sostiene, sino ella, que pasa a ser lo único que importa. Harías y serías cualquier cosa por ella, te convertitías en lo que ella necesitara, ya sea su protector, su amante, su amigo o su hermano."

"...-El impulso de imprimación es de lo más extraño que he visto en mi vida...-Me recuerda a ´El Sueño de una noche de verano` y al caos que desatan los hechizos de amor de las hadas. Es una especie de magia-sonrió-. Casi tan fuerte como lo que yo siento por ti."

"Tenía unos ojos castaños, del color del chocolate con leche. Eran iguales a los de Bella.
De pronto, se calmaron los temblores que sacudían mi cuerpo. Me inundó una nueva oleada de calor, más intenso que el de antes, pero era una nueva clase de fuego, uno que no quemaba.
Un destello.
Todo se vino al traste en mi interior cuando contemplé fijamente al bebé semihumano y semivampiro con rostro de porcelana. Vi cortadas de un único y veloz tajo todas las cuerdas que me ataban a mi existencia, y con la misma facilidad que si fueran los cordeles de un manojo de globos. Todo lo que me había hecho ser como era-mi amor por la chica muerta escaleras arriba, mi amor por mi padre, mi lealtad hacia mi nueva manada, el amor hacia mis hermanos, el odio hacia mis enemigos, mi casa, mi vida, mi cuerpo, desconectados en ese instante de mí mismo-, clac, clac, clac...se cortó y salió volando hacia el espacio.
Pero yo no flotaba a la deriva. Un nuevo cordel me ataba a mi posición.
Y no uno solo, sino un millón, y no eran cordeles, sino cables de acero. Sí, un millon de cables de acero me fijaban al mismísimo centro del universo.
Y podía ver perfectamente cómo el mundo entero giraba en torno a ese punto. Hasta el momento, nunca jamás había visto la simetría del cosmos, pero ahora me parecía evidente.
La gravedad de la Tierra ya no me ataba al suelo que pisaba.
Lo qe ahora hacia que tuviera los pies en el suelo era la niña que estaba en brazos de la vampira rubia.
Renesmee."


Stephenie Meyer

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Este era mi blog original http://profugosdepromesas.blogspot.com/2009/02/la-imprimacion.html

Poema 19



Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.

Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.

Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.

Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena dulce y definitiva
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.

Pablo Neruda

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2009

Un año nuevo comenzaba, ella sentía que nada terminaría bien. Vacía como estaba pensaba que jamás olvidaría. Se lamentaba por haber sido ciega, por no haberse respetado como mujer…le costaba perdonarse.
Naufraga en un mar inmenso de dolor estaba; no encontraba orilla, puerto, balsa a la cual amarrarse. Un hombre que pasaba por allí la ayudo a encontrar el rumbo, pero solo hizo eso, AYUDARLA. Y no, ella no buscaba ayuda, buscaba un poco de amor, buscaba un abrazo, buscaba una caricia, un beso que encendiera la llama que hacia rato habían apagado.
Firme en su postura de no bajar los brazos andaba por la vida, esos días eran para vivirlos; quería sentirse viva.
Fue así que sin esperarlo otro hombre se cruzo; pero este no era uno cualquiera, no era uno más que la ayudaría, este era EL hombre que la amaría. Ya no estaba ciega, él había quitado la venda de sus ojos y todo ahora era claro, puro.
Decididos afrontaron lo que se les venia.
Y ahora andan por ahí, caminando de la mano, Juntos. Necesitándose. Extrañándose. Amándose.
Es grato verlos pasar por mi ventana…
Es grato despertar y saber que te tengo.

Tatiana Aimé Michelena
08 de Enero de 2010
Escuchando Ismael Serrano en el 37 y pensando en vos.



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Pasos

Un paso das, caes…
Un paso doy, te levanto…
El pasó y miro,
Ella vio y olvido.
¿Quién dice lo que haces?
¿Quién te dejo pasar?..
En la vida no deberías necesitar
De alguien que de el paso por ti.
¿Acaso no oyes?..
Será que el tiempo pasó
Y no dejo, o no vio
No olvido, no miro
Yo te veo, no miro
No olvido, admiro
No dejo, solo paso
Mientras más pasos da mi corazón…
Quizás que de esto se trata
De pasar, de pasos
Simples pasos al pasar
Que me llevan, me traen, me enredan
y me dejan al pasar.

Tatiana Michelena.

Publicado el 12 de marzo de 2009
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Una payasa sin sonrisa
camina por la vida
buscando algún sentido,
algo que la haga regresar.

Se olvido, la perdió y enfureció.
No sabe donde la dejo;
en su cajita de recuerdos no la puso,
con su disfraz no la guardo.

Regresa a ella sonrisa,
devuélvele los años perdidos;
que sea aquella que algún día fue
donde la tristeza no existía y sin cansarse
SONREIA...

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"El amor no sabe de tiempo - parte II"

Continuando con esta historia  http://profugosdepromesas.blogspot.com.ar/2012/12/el-amor-no-sabe-de-tiempos.html  aca va la segunda parte. ...